viernes, 21 de agosto de 2009

segunda parte, capítulo decimosexto




Era noche cerrada cuando sus hombres apagaron las últimas brasas. Zealor había visto arder hasta la última viga y no le cabía ninguna duda de que su hermano no estaba allí. Lo había estado, tan seguro como que de Fasqaid no quedaba ya más que un cerco negro de ceniza y ascuas, pero posiblemente habían huido al llegar Ceorl.

Hizo que revisaran las cenizas de todos modos, aunque sabía lo que iban a encontrar, y mandó algunas patrullas a peinar los alrededores, por si no se escondían muy lejos. Pero muy posiblemente ya fuera tarde.

Lástima. Quería dejar ese asunto cerrado.

Tragándose una maldición, dio las últimas instrucciones y volvió grupas junto con un pequeño grupo de escoltas. El imbécil de Haze ya le había hecho perder suficiente tiempo. Meanley no tardaría en actuar y él debía de estar en palacio cuando eso sucediera.




A través de los juncos habían avanzado sin ser vistos hasta estar suficientemente lejos. El sol estaba cayendo y en la orilla opuesta la casa aún humeaba para cuando se atrevieron a correr hasta el bosque más cercano.

No se detuvieron allí. Sin que hiciera falta hablarlo siguieron andando. Todos sabían que no estarían seguros hasta que estuvieran bien lejos del lugar. Así que, con Nawar abriendo la marcha, avanzaron por el bosque con la empapada ropa pegándose a su piel y el frío calando poco a poco en sus huesos.

Mireah estaba helada para cuando Nawar y Dhan dieron por fin el alto. Sin ninguna manta seca en la que arrebujarse, la princesa se sentó sobre una raíz que sobresalía, frotándose los brazos en un vano intento de entrar en calor. Nawar la imitó, pero Dhan y Haze se quedaron en pie. La princesa buscó a su elfo con la mirada, convencida de que la marcha forzada no le había hecho ningún bien, pero éste tenía la vista fija en el camino que habían abandonado.

-¿Cómo vamos a encender un fuego? –Quiso saber la joven, esperando que centrarse en cosas prácticas relajara a Haze.

-¿Fuego? No vamos a encender fuego alguno –le informó Nawar.

-¿Se puede saber por qué no?

-Porque si quisiéramos que nos cogieran estúpidamente nos hubiéramos quedado en la entrada de la casa con los brazos en alto.

Mireah hubiera replicado algo, pero se calló, avergonzada, porque seguramente Nawar tenía razón.

-No hay necesidad de ser desagradable –Haze llegó hasta ella y le puso la mano en el hombro, mirando al rubio con el ceño fruncido-. Estar cansado no es excusa para ser maleducado. Peligroso o no, deberíamos encender un fuego. Que muramos de una pulmonía ahora no le servirá de mucho a tu príncipe, ¿verdad?

La humana sintió el calor que desprendía Haze aún a través de la ropa y se dio cuenta con alarma que la fiebre le debía de haber vuelto. Estaban tan empapados que era difícil de distinguir, pero creyó ver gotas de sudor en su rostro cansado. Nawar también debió notarlo, porque se puso en pie sin discutir y, con una maldición, empezó a recoger leña. Dhan ayudó al joven y Mireah iba a hacer lo propio, pero Haze la obligó a sentarse otra vez.

-¿Estás bien? –Quiso saber-. Nawar puede tener muy poco tacto a veces, pero sabes que no lo hace de mala fe.

Se encogió de hombros.

-Estoy cansada, fría y hambrienta, pero a parte de eso creo que estoy bien.

-Bien –se sentó a su lado, apoyando la cabeza en su hombro-. Me alegro.

Mireah le puso una mano en la frente, confirmando sus sospechas.

-Esto no te va a sentar bien.

-Peor me hubiera sentado la visita de Zealor –bromeó con voz débil.

Luego guardó silencio y la princesa tuvo la sensación de que se había adormilado, así que se quedó sentada con sus manos entre las suyas mientras observaba los intentos de Gigantón y Fanfarrón por encender un fuego. Finalmente la técnica de Dhan resultó mejor que la del rubio y un pequeño fuego empezó a crepitar.

-Esto sigue sin gustarme –Nawar miraba la lumbre con el ceño fruncido. La luz aún era débil, pero si pretendían poder entrar en calor iba a tener que ser un fuego un poco más grande.

-Podríamos parapetarnos con las mantas y las capas -propuso Mireah, sintiéndose un poco culpable por estar cruzada de brazos mientras los demás trabajaban.

El elfo la miró enarcando una ceja.

-¿Otra idea sacada de los libros de tu padre?

La humana se sonrojó.

-Ésta es idea mía.

-Deja de tomarle el pelo a la princesa y ayúdame con esto –Dhan le paso uno de los fardos, de donde sacaron unas mantas-. La señorita tiene más ideas ella sola que todos nosotros juntos –y le dedicó una sonrisa de aprobación a la joven.

Mireah los observó trabajar de nuevo. Poco a poco los gruñidos de Nawar y los comentarios jocosos de Dhan a cada uno de estos lograron relajarla. La cabeza de Haze reposaba en su hombro y el calor del elfo le daba algo de calor a su vez. Estaba tan cansada…

Despertó de nuevo al sentir que el peso de Haze desaparecía de su hombro. Sobresaltada y desubicada, vio como Hund tomaba al elfo en brazos para dejarlo junto al fuego que quemaba, cálido y atrayente, en medio del improvisado campamento.

-Ni siquiera se ha despertado –acertó a comentar mientras se dejaba poner en pie por Nawar y se acercaba a su vez a la acogedora hoguera.

-Mañana estará repuesto, ya verás –le aseguró Ceorl, ayudándola a sentarse junto a Haze y echándole una capa casi seca por los hombros.

“Esto no hubiera pasado si no hubieras venido”, le hubiera querido decir, pero se dio cuenta de que estaba demasiado cansada para seguir enfadada.

-Habrá que hacer guardia –murmuró más que dijo, apoyando la cabeza y el tronco sobre el durmiente Haze-, por si nos siguen…

-Menos mal que piensas en todo.

Las palabras de Nawar fueron lo último que oyó antes de quedarse completamente dormida.

1 comentario:

Roser dijo...

Interesante pero corto: ¡queremos medioelfos larguitos y curraos, como los del principio!